La diferencia entre levantar un escenario y encender una fogata

Estaba a punto de empezar a publicar. Todo preparado, posicionamiento definido, primeros textos listos. Y justo antes de darle al botón, leí lo que supuestamente me representaba y me sentí extraño.

No porque fuera mentira. El problema es que no era mentira, pero tampoco era verdad. Era una versión de mí que sonaba bien sobre el papel pero que iba a generar el tipo de relación que no quiero tener con quien me lea.

Palabras como “comparto mi proceso”, “enseño lo que aprendo”, “build in public”. Todo correcto en apariencia. Todo construyendo, sin que yo me diera cuenta, un escenario. Y todavía no había publicado ni una sola vez.

El escenario vs. la fogata

Un escenario tiene luces, tiene distancia, tiene una dirección clara de la mirada: tú arriba, el resto abajo. La gente se sienta, mira, aplaude si le gusta. A veces aprende algo. Pero no participa. Observa.

Una fogata funciona diferente. La gente se sienta alrededor porque hace frío, porque hay algo que les recuerda a algo propio, porque en la oscuridad prefieren la luz de alguien que también está buscando orientarse. No hay arriba ni abajo. Hay calor compartido.

El problema no es que el escenario sea malo. Es que yo no tengo nada que enseñar desde ahí. No en el sentido de que no sé cosas. Es que lo que me importa compartir no funciona en formato conferencia. Funciona en formato conversación.

La trampa del “build in public”

Casi uso esa etiqueta para describir lo que iba a hacer. Tiene sentido en superficie: construyo algo, lo comparto. Pero “build in public” tiene una connotación específica que me costó ver: métricas, transparencia de producto, el proceso técnico expuesto. Una especie de livestream de tu trabajo.

Eso no es lo que hago ni lo que me interesa hacer. No porque sea privado o porque tenga miedo de mostrar números. Es que no creo que el “qué” de lo que construyo sea lo más valioso que puedo aportar. Lo que me parece interesante de verdad es el “por qué me equivoqué”, el “esto no funcionó como esperaba”, el “me estoy dando cuenta de algo que debería haber visto antes”.

Es pensar en voz alta, no construir en público. La diferencia parece sutil. No lo es.

Lo que me cuesta admitir

La versión honesta es esta: los textos que tenía preparados sonaban a alguien que ha resuelto lo que describe. El tono de quien ya sabe. Y lo gracioso es que yo sufro exactamente de lo que esos textos hablaban. No publico, me trabo, me da pereza, me convenzo de que todavía no estoy listo.

Escribir desde el problema en vez de desde la solución requiere una cosa que me resulta incómoda: admitir en tiempo real que no tengo la respuesta. Que estoy en medio del lío, no al otro lado.

Y no sé si eso genera audiencia. No tengo claro si a la gente le interesa más escuchar a alguien que tiene claridad o a alguien que está en el proceso de encontrarla. Lo que sí noto es que cuando leo algo escrito desde la trinchera me engancha más que cuando leo algo escrito desde el podio.

Quizá porque en la trinchera hay sitio para más de uno.

La pregunta que me queda

No sé si esto escala. No sé si “pensar en voz alta” tiene el mismo efecto de tracción que un posicionamiento más claro, más aspiracional. Es más difícil de resumir en una bio. Es más difícil de vender como propuesta de valor.

Pero hay algo que me da más o menos tranquilidad: el tipo de gente que se sienta alrededor de una fogata es el tipo de gente con quien quiero tener una conversación real. Y quizá eso vale más que los números de un escenario lleno.

O igual me estoy equivocando y en seis meses miro esto y pienso que era el razonamiento de alguien que no quería hacer el trabajo de construir algo aspiracional.

Esa posibilidad también la dejo aquí.